Memoria Abierta - Manuela Sierra - MOLINOS TERUEL


lunes, 13 de junio de 2005

LA CUEVA BLANCA

Por disnait a las 15:31
Me contaba mi tía, muy conocedora de la Iglesia; pues habían sido dos años lumbreros de ésta. Que en tiempos pasados hubo una Custodia lindísima, que se esfumó en el tiempo....
Cuando fue quemado todo de la Iglesia en el año mil novecientos treinta y seis, los autores de aquel desastre, rejiraron todos los rincones y en el cuarto, hoy diríamos trastero, llamado entonces el Archivo; de donde salían los mozos con las hachas encendidas, en los días de fiesta gorda. Vieron que allí había un armario tabicado de obra, de muchos años. Picaron y ¡ho maravilla o desgracia: encontraron una bellísima Custodia. De la mayoría del pueblo ya olvidada. Mi abuela pensó: ya está aquí lo que mi abuela me contaba de la desaparecida Custodia.
Hace muchos años, el fútbol no se conocía, ni ningún medio de comunicación. Los ricos tenían por deporte y esparcimiento las cacerías. En una de esas con muchos componentes, se alejaron de su entorno. Al atardecer los envolvió la niebla y quedó un jinete completamente solo y sin saber dónde se encontraba. Llegó la noche y el noble caballero, se quedó como petrificado, sin poder ni querer dar ni un solo paso. El cazador pensó: el animal es noble cuando él no camina; porque estamos en mucho peligro. ¿No esteremos en algún risclo de piedra?. La noche iba pasando y el jinete encomendándose a todos los santos del cielo y justos de la tierra. El primer rumor de vida fue el canto de un gallo, y él pensó: cerca ay un pueblo. Al ir repitiéndose el canto de éste, observó el cazador que el pueblo estaba en hondo; y así lo descubrió al venir el día. Vio que estaba envuelto en sumo peligro. "En la Cueva Blanca".
Fue un señor muy agradecido; y como era muy pudiente, regaló en acción de gracias una bellísima Custodia.
Cuando ya se barruntaba una de las muchas guerras que sufrieron los españoles. Los sacerdotes, conocedores del valor de aquella joya, pensaron en entabicarla, y así lo hicieron. No pensarían que en otra maldita guerra sería descubierta.
Las gentes del pueblo que tanto querían su Custodia; algunos hacían juicios temerarios, al no verla y haberse esfumado sin dejar huella, ni rastro.
Lástima de no haber podido contemplar aquella bellísima y generosa joya

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