jueves, 12 de enero de 2006
Publicado por disnait @ 21:19
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Una noche, estaban el Tío Jorge y mi padre en la puerta de San Nicolás; cuando se presentaron dos caballerías con los ramales al cuello, sin que nadie las condujera. Eran los machos del Tío Guillén. Mientras él echaba la paja y el prenso, ellas se iban a beber. Esto lo hacían a diario. Cosa mal hecha. Al no haber luz, esto asustaba.
Cuando las caballerías ya regresaban a casa, el Tío Jorge se sube a un macho y le dice a mi padre: súbete tú al otro y nos daremos una vuelta por ahí.
Mi padre le obedeció y trotando, se fueron pueblo abajo. Aún no estaba hecha la carretera, sólo había una mala senda. Trotaron hasta la Venta Baja. Allí se bajaron y ataron las caballerías a donde nada malo pudiera ocurrirles.
El Tío Guillén ya empezó a pensar. Los animales estaban muy acostumbrados a regresar pronto a casa. Alguien los abría cogido.
Se enteró todo el pueblo de lo ocurrido
Cuando los dos causantes volvían a casa, ya vieron luz de linternas por todos lados, buscando los machos
A la mañana siguiente mandaron mensajeros a los pueblos limítrofes a ve si los encontraban.
Pregonaron el caso por si alguien no se había enterado.
Ellos se acostaron en la pejera de casa del Tío Jorge, y a la mañana entró su padre a darles la noticia de lo que sucedía en el pueblo. Se levantaron y fueron a ofrecerse para ir a buscarlos.
El que fue de mensajero a Berge, se encontró con el Tío Dionisio, que los tenía atados casi en su puerta.
Este señor estaba de mediero en la Venta Baja. Y se los subieron al pueblo.
Se tardaron varios años a saber quienes fueron los autores.
Gracias a Dios que sólo fue el susto. Y para pensar que no deben ir solas las caballerías por el pueblo.
Anteriormente os dije que hacían algo de Quijotes, pensando en hacer el bien a su prójimo.
MANUELA SIERRA
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