Memoria Abierta - Manuela Sierra - MOLINOS TERUEL


domingo, 22 de enero de 2006

EL CASAMIENTO

Por disnait a las 1:52

No sé si será por la modernidad de los tiempos, o porque nos cansa el trabajo, que las bodas han perdido su encanto
Os cuento lo que se hacía en mis tiempos.
Cuando una pareja fijaba fecha para casarse, los padres se reunían. Fijaban la dote que les daban, y las madres lo anunciaban a los familiares. Los novios iban a casa del señor cura; y ya les preguntaba que cómo los amonestaba. Que solía hacerse de dos maneras: las tres amonestaciones en un solo domingo ó tres domingos seguidos. Las tres en una eran los ricos, o los que les corría prisa el casarse por estar en cinta la novia
Antes el señor cura en la misa mayor, al empezar la homilía, anunciaba el casamiento, por si había algún impedimento
El banquete se hacía casi siempre en casa de uno de los novios
Unos días antes todas las primas y familiares jóvenes a hacer las muchas trentenas de pastas que se hacían: tortas de alma, mantecados, magdalenas, almendrados, tortas huecas, el arra para el seños cura hasta de tres pisos. Aquello era la media boda.
Dos días antes se iba a matar conejos, patos, pavos, varios corderos, una o más ovejas para hacer las albóndigas
Se preparaban mesas, sillas, vajillas, manteles, etc.
La víspera por la noche, la novia, sus primas y mozuelas todas a convidar casa por casa y decirles la hora de la ceremonia. Y qué risas y qué chillidos
Era temprano la misa para distanciar el refresco de la comida. Éste consistía, después de terminada la misa y el casamiento civil. Las mesas ya estaban muy hermosas preparadas, llenas de bandejas de pastas, botellas y ya venían con las jarras del chocolate. Que se hacía un calderico para que todos pudieran repetir. Así que chocolate a cutiplé
Después de esto se solía hacer la rondalla por todo el pueblo, cantando jotas en tanto se hacía la hora para comer
He pasado por alto que la novia nunca se fue de su casa y siempre acompañada de sus invitados hasta que el novio con su madrina e invitados iban a su casa a buscarla; y todos juntos y ordenados se iban a la iglesia
“Recuerdo aquella dulce mirada que me miró entonces mi novio”
la comida en muchas casas consistía en judías blancas de ayuno, un buen plato de olivas verdes y otro negras. En cada mesa la fridura que se hacía con sangre de patos, pavos y conejos; que resultaba ser un plato especial.
Conejo con salsa de almendra, pollo con pimiento, cordero y albóndigas, pastas y frutas de casa: manzanas, peras y uvas al tiempo. Aquello eran comilonas.
Cuando quedaban tantas cosas, se volvía a cenar los más allegados y los más jóvenes a hacerles la cama petaca a los novios
Al señor cura se le regalaban las arras, algunas de tres pisos de altura
Era un derroche de dulces para todos
Recuerdo en una boda iba el Tío Martín el Polaco de tañedor, amigo de mi padre y el cantador cantó en la calle del Rosario donde vivíamos nosotros esta jota:
En la calle del Rosario
Vive el Tío Joaquín Andrés
Y un poquico más abajo
Toribio con su mujer
Si la memoria no me engaña fue cuando s casó el Tío Miguel Asensio con la tía Dolores. También creo que entonces era alcalde de Molinos el Tío Joaquín Andrés

MANUELA SIERRA


jueves, 19 de enero de 2006

LA FIESTA - ZURRIBURRI

Por disnait a las 21:05
Al ser humano siempre le ha llamado el estar relacionado con los demás. Se han juntado amigos. Hoy lo llamamos peñas
Eso es lo que hicieron nuestros antepasados. Se juntaron “el gordillo” del pueblo y hacían sus merendolas, y así lo pasaban bien.
Cada fiesta, en la casa que se celebraba, ponían de todo.
Esta pandilla se compraron una gramola para oír música. Ésta en aquellos tiempos era manual. Una persona sólo para darle al manubrio
Las gentes atraídas por la música, acudían a la puerta de la casa.
Yo también hubiera acudido en aquellos tiempos, ya que mucho valoro el arte, pero nada como la música. Me parece que es lo más bello que ha puesto el hombre sobre la tierra. Tanto me gusta, que mis hijos y nietos, todos tienen instrumentos musicales: guitarra, flauta travesera,oboe, etc.
Yo les animo y ayudo para que sepan tocar.
Recuerdo de niña, falleció un señor el día uno de mayo en la calle la Morera, y le acompañó la música con aquellas marchas fúnebres que a mí me conmovieron; y durante varios días, yo sólo oía aquella música en mis pequeños oídos.
Volvamos a nuestros festivaleros amigos.
Las gentes sencillas del pueblo, al oír la música, se quedaban hechizados con ella, y se acercaban a la casa medio hipnotizados, tal que algunos se atrevían a subir a la casa.
Pensaron para que esto no sucediera y los dejaran tranquilos. Buscar un portero, e imponerle la obligación de que “Zurriburri” no entrara allí.
La primera fiesta que celebraron nuestros separatistas amigos, pensaron pasarlas ellos solos.
¿Pero que estaba ocurriendo?
A pesar de tener al joven portero, la sala se estaba llenando de gente; y ellos no podían ya bailar la jota.
Los amos de la casa bajaron a hablar con aquel inocente portero
La mujer le dijo:
-¿No te impusimos la obligación de que “Zurriburri” no entrara aquí?
-Oigan ustedes, a todos los que vienen yo les pregunto si son “Zurriburri”. Y hasta a hora todos me han contestado que ellos no lo eran. Aquí no ha llegado esa familia, aún les espero….
-De poco nos ha servido el advertirte de que “Zurriburri” no entrara aquí
esta es una de las formas que vivieron nuestros acomodado antecesores.

MANUELA SIERRA

viernes, 13 de enero de 2006

COSAS QUE HAN OCURRIDO

Por disnait a las 20:54
Como la casa de cada persona su arreglo, limpieza, etc.; así, un pueblo necesita, y es los mismo, que limpien, pongan el árbol de navidad, que nos entierren, etc
En mis tiempos también había un guarda forestal. El que guardaba frutas y todo de los campos, de las manos de los amigos de lo ajeno.
El guardia, joven y buenas piernas, rondaba todo el término, y conocía el amo de cada finca. Siempre llevaba su catalejo.
Cuando ya las uvas estaban sazonadas, nuestro guardia vio una mujer con su grandecica cesta, que iba por el campo. La siguió con su mirada..y ¡ho¡ sorpresa: se mete en una hermosa viña. Espolsó su cesta, puso unas hojas en la cesta, y se puso a cortar uvas para ir llenando la cesta
Nuestro guardia fue con rapidez y se escondió detrás de unos carrasquizos
Cuando ya iba a irse, le dice:
- “Fulana”, no te vayas. Quiero ver las uvas que has cogido.
-Sólo he cogido aquí dos uvas.
-Te estoy vigilando desde que has esposado la cesta, y la has llenado aquí. Esta noche ya te llamarán de Casa de la Villa
- Ay, no me lleves a Casa de la Villa. Yo te daré el dinero que me pidas.
- A mí me pagan para que guardo todo lo del campo. Adiós.
Y se fue. Al anochecer fue avisada nuestra señora en Casa de la Villa. Le impusieron una multa; y aquella noche dormir en un cuarto que servía de varios usos: para cárcel de causas no graves y para depositar los muertos que se traían del campo
Este cuarto estaba en los bajos de Teleclub con un reja grande.
-Me voy a morir de miedo esta noche,
Le dijo nuestra mujer al señor Alcalde
- Te permitimos una acompañante que sea ajena a la familia.
Le dijo el señor Alcalde
Mientras todo esto se discutía en Casa de la Villa, mis queridos bisabuelos estaban contentos. La abuela Carmela había matado un conejo, y al haber estado todo el día el abuelo en el campo, venía con muy buena ganica. Y la abuela había hecho un buen arroz. Ya habían puesto en las escullidas a cada uno su ración, cuando pegaron a la puerta. Cosa inusual en aquel horario. Abrió el abuelo y entra un hombre. Les explica lo que esta pasando, que él, venía a pedirles un favor. Que si quería la abuela ir a quedarse la abuela aquella noche con su mujer en la cárcel. La abuela le dijo que sí quería acompañarla.
Nuestra vendimiadora pasó la noche muy apesadumbradamente gracias a la sonrisa afable y bondadosa de la abuela Carmela que la alegraba un poco. Mi abuela Soledad, que era una niña, también quiso ir con su madre a la cárcel.
El tiempo fue corriendo y en poco espacio de tiempo, a los buenos abuelos se le murieron dos mulicas que tenían, y éstos estaban tristes.
Estando la abuela cogiendo hierba en su bancal, que aún es de la familia, apareció el amo del otro bancal que juntaba. Le dijo que ya le daría él cuatro onzas y a ella se le iría la pena de las mulas.
¡Vete de mi bancal¡, del que adoro. El que mis padres me dieron de dote cuando me casé. ¡Vete, que no tienes conciencia. Sólo egoísmo¡
en un pueblo pequeño todo se sabe. Se enteró de lo ocurrido en casa de mis abuelos la señora de las uvas, y allí se presentó.
- Me he enterado de que se querían quedar con tu bancal
Se mete la mano en el bolsillo bajero y saca tres onzas
- Con esto te solucionas o mañana te subo más. No quiero me pagues rento, y cuando bien puedas, me lo devuelves.
La abuela se quedó muy agradecida con aquel hermoso rasgo que ésta tuvo.
Perdonarme por nombrar tanto a mi familia. Yo creo que también gusta airearla, y veáis que siempre han ocurrido cosas extrañas en la vida, y que siempre ha habido gentes de corazón generoso y amantes de hacer el bien al prójimo, como acompañarla en aquella soledad.
MANUELA SIERRA

jueves, 12 de enero de 2006

MI PADRE

Por disnait a las 21:19
Una noche, estaban el Tío Jorge y mi padre en la puerta de San Nicolás; cuando se presentaron dos caballerías con los ramales al cuello, sin que nadie las condujera. Eran los machos del Tío Guillén. Mientras él echaba la paja y el prenso, ellas se iban a beber. Esto lo hacían a diario. Cosa mal hecha. Al no haber luz, esto asustaba.
Cuando las caballerías ya regresaban a casa, el Tío Jorge se sube a un macho y le dice a mi padre: súbete tú al otro y nos daremos una vuelta por ahí.
Mi padre le obedeció y trotando, se fueron pueblo abajo. Aún no estaba hecha la carretera, sólo había una mala senda. Trotaron hasta la Venta Baja. Allí se bajaron y ataron las caballerías a donde nada malo pudiera ocurrirles.
El Tío Guillén ya empezó a pensar. Los animales estaban muy acostumbrados a regresar pronto a casa. Alguien los abría cogido.
Se enteró todo el pueblo de lo ocurrido
Cuando los dos causantes volvían a casa, ya vieron luz de linternas por todos lados, buscando los machos
A la mañana siguiente mandaron mensajeros a los pueblos limítrofes a ve si los encontraban.
Pregonaron el caso por si alguien no se había enterado.
Ellos se acostaron en la pejera de casa del Tío Jorge, y a la mañana entró su padre a darles la noticia de lo que sucedía en el pueblo. Se levantaron y fueron a ofrecerse para ir a buscarlos.
El que fue de mensajero a Berge, se encontró con el Tío Dionisio, que los tenía atados casi en su puerta.
Este señor estaba de mediero en la Venta Baja. Y se los subieron al pueblo.
Se tardaron varios años a saber quienes fueron los autores.
Gracias a Dios que sólo fue el susto. Y para pensar que no deben ir solas las caballerías por el pueblo.
Anteriormente os dije que hacían algo de Quijotes, pensando en hacer el bien a su prójimo.
MANUELA SIERRA

LA MOCEDAD DE MI PADRE

Por disnait a las 21:17
Las largas veladas del invierno se pasaban alrededor del hogar con grade fego. Como no teníamos aparato de radio; los hombres a esgranar panizo, las mujeres a hacer punto de media.
Mi hermana y yo le pedíamos a nuestro padre, nos contara viejas andanzas de él y su pandilla, ya que ni al café ni a la taberna podían ir por no tener perras.
Ahora que soy mayor, deduzco que hacían algo de Quijotes, corrigiendo cosas que no estaban bien hechas. Veréis.
En la Plaza vivía una señora ya mayor. No digo su nombre porque no quiero herir a nadie.
A esta señora la observó la pandilla de mi padre, que todas las noches con su linterna de aceite, se iba de casa. Menciono la linterna porque aún no había luz eléctrica.
Cosa inusual en aquellos tiempos salir de casa a ese horario.
Sentados estaban la pandilla en la calzada que empieza el Pellerique, cuando apareció la antedicha señora. Al llegar junto a ellos levantó su linterna para conocerlos; pero no los conoció.
¿A dónde irá esta abuela a estas horas?. Si se cae, ¿quién la ayudará?. Vigilarla esta semana a ver si continúa con sus saliditas a esta horas.
A la siguiente semana, a la misma hora y a la misma salida, esperaron su regreso en el cubierto de Tío Torres, hoy de Don Pascual.
Los mozos según costumbre llevaron una varica muy delgada y larga
Cuando apareció en el empedrado nuestra rondadora abuelita, los mozos se pusieron la mitad en cada lado. Los unos o los otros le tocarían con sus largas varas la mano que llevaba la dejarían caer al suelo. Y así sucedió
¡Ay que me ha pasado¡. Gracias que no me he caído y estoy cerca de casa.
Los chicos la observaron y nada malo le ocurrió.
Yo creo que le dieron una buena lección. De que no debía salir de casa a esas horas y en su edad.
MANUELA SIERRA