martes, 21 de febrero de 2006
Por disnait a las 9:39
EL MISIONERO
Han pasado muchos años, esa es la causa que no recuerdo si fue el año 1943 ó hasta el año 1947.
Molinos recibió la visita de una excepcional persona durante unos días. Vino el domingo de Ramos y se fue el domingo de Pascua
Fue el padre Ángel de Ucar capuchino del convento de Tudela.
Fuimos a recibirlo y en la iglesia nos explicó su programa durante la semana que estaría entre nosotros
Pidió a los niños, que el lunes le acompañaran, que quería conocer nuestro bonito pueblo
Nos anunció que visitaría todas las casas del pueblo, que sólo subiría un enfermo o algún anciano
Cuando me encontré en la cale con todos los niños y en medio de ellos el misionero, me dio la impresión que veía una de esas estampas en que dice Jesús: ¡dejad que los niños se acerquen a mí¡
Así como el señor de una explicativa inexplicable, así era su físico. Alto, delgado, rubio con barba. En una palabra: era el vivo retrato de los que le hacen a Jesús
Trabajó muchísimo con las charlas y sermones a los hombres. A las mujeres también nos enseñó cantatas. Recuerdo una para la comunión: ¡Ho buen Jesús sol de amor
Recuerdo las palabras que él repetía en sus sermones o charlas: Joven que me escuchas, hay que hacer el bien a prisa
La semana transcurría demasiado deprisa
Llegó el Viernes Santo. Como él ya había visto el pueblo, dijo que le gustaría hacer el Vía Crucis por todo el pueblo, cosa que nunca se había hecho, mas que la procesión con algún canto, por donde siempre
Aquel año viajamos por el empedrado, por la calle del Hospital
Él se adelantó y en la puerta de la Tía Celipa, asomado a la barbacana veía la procesión que aún estaba en la esquina de arriba de San Nicolás. La procesión parecía una serpiente de vueltas que daba.
Desde arriba rezó y comentó la estación correspondiente. Lo mismo hizo en la costera de los Santos. Se subió a la costera de casa de Toribia y allí en lo alto rezó y comentó la estación correspondiente
Fuimos por casa de la Tía Acera. Una vez llegados a la calle de La Morera, se subía a los balcones que anteriormente les había anunciado que pusieran una sábana blanca con un lazo negro, en señal de luto
Así terminó el Vía Crucis, subiendo a muchas casas. Fue una ceremonia muy emotiva ; tanto que después de medio siglo, recuerdo que en la puerta de casa de mis padres, nos paramos todos los vecinos para comentar lo que iba ocurriendo. El Tío Narciso que estuvo en Cuba cuando se perdió nos dijo: como este cura no he visto otro. Ni tal vez veáis vosotras que sois jóvenes.
Cuántas veces pienso en el Tío Narciso que no se equivocó
Ha pasado más de medio siglo y recuerdo con cariño aquella Semana Santa
MANUELA SIERRA
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