martes, 21 de marzo de 2006
Publicado por disnait @ 23:40
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En tu larga vida, te suceden muchas cosas. Unas buenas y otras no tanto
Nos sucedió el 24 de julio.
Al salir de la era para vigilas la trilladora.
Estaba la Tia Manuela, la Ormina de mal nombre. La buzuna también quería trillarlos. Explico como era esta señora, porque muchos ni conocerla, y yo la aprecié mucho
Era buena moza, esbelta, y debió de ser muy guapa en su juventud.
Se casó con el Tío Rafael. Tuvo siete hijos. Las hijas, que son las que más conocía, eran muy listas y guapas. Adelina era de mi tiempo. A la que siempre quise, era muy buena chica
Estando hablando con la Tía Manuel, un trueno estruendoso, nos hizo ir a nuestro pajar a retirarnos. Y el sol lucía radiante en el Picuezo. ¡Qué tormenta tan fea y rara¡.
Terminó de decir esto la mujer, cuando llegó a nosotros un resplandor como nunca lo había visto. Y el pajar, como si hubieran hecho una rueda de fuegos artificiales.
Aparecimos a la otra punta del pajar. Yo llevaba moño, todo el pelo recogido; y amanecí con el pelo suelto, sin ver ni oir; y sin poderme levantar. Creo fueron segundos. Arrastras fui donde estaba la Tía Manuela, y estaba peor que yo, por lo que luego dijeron.
En el aro de la puerta, a dos palmos míos, había una herradura que servía para pasar la cerraja. Y en ella cayó la centella, bajó aro abajo y cuando llegó a los pies de la Tía Manuela, le subió pierna arriba, dejándole el señal de la presión de la falda. Volvió a bajar pierna a bajo, le deshizo la alpargata, y fue corriendo por el pajar, dejando una pequeña señal por donde había pasado
Yo como pude salí a la era para buscar quien nos ayudara. Carmelo y el hijo de Cuartillo rápidamente vinieron a socorrernos. Sacaron a la Tía Manuela a la era para que le diera el aire. Viéndose apurados; como anteriormente dije, era alta. Una vez en la era, nos encontramos mejor.
En éstas, la mujer sentía molestias en la pierna; y al fijarse se ve las alpargatas rotas. Pero es que ya las llevaba para la era como una griba de agujeros. ¡Ay, que me ha fastidiado las alpargatas¡
Yo que oí aquello y que aún estaba como atontada por el suceso, empecé a reírme como nunca lo he hecho. Tanto, tanto, que conté se me rompían las barillas de la cara. Estos mozos pensaron: esta mujer se nos ha trastornado, porque esto no es normal.
Uno de ellos se fue al barrio de la Solana a pedir ayuda, porque aquello no era normal. La cara se me puso colorada y como si hubiera tenido el sarampión. A mí trajo del bracete Pilarían, de la
Tía Camila y cuando llegué a casa empecé a llorar, que no podía callarme
Pronto corrió la noticia y vino mi hermana que vio entrar gente en la casa, y dijo. Algo pasa. Y me encuentra desesperada, llorando. Vino el señor médico y me echaron a la cama. Todo oscuro y sin darme más que agua, hasta el día siguiente
Nuestra tía Manuela la llevaron a su casa, que no se tenía ni derecha, y no quiso que la pasaran de la entrada, la pobre mujer aún no había almorzado y pidió le hicieran dos huevos fritos.
Los vecinos se los hicieron y ya no se vio bien. Estuvo grave. Tuvieron que venir sus hijas.
Aún vivió unos años, y siempre que nos juntábamos en la Ermita de la Virgen de la Soledad, me decía: “Esta es la que nos guardó”
La Tía Manuela era muy devota de esta Virgen
La vida nos trae muchas cosas buenas, revueltas y de las dos cosas

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