martes, 21 de marzo de 2006
Por disnait a las 23:46
Hoy os cuento un caso que ocurrió sobre la segunda decena del año 1900
Fue una imprudencia de entrar en una cueva desconocida y peligrosa
El Tío Pelegrín Andrés y su nieto Pascual fueron a la Baticambras a llevarles a los vasos de las abejas miel. Debido al mal tiempo tenían necesidad de que les asistieran para sobrevivir. Cuando éstos llegaron frente a la entrada de la cueva, el abuelo le dice:
-Mira, por ahí se entra a la cueva
El niño deseoso de saber y ver lo desconocido, le dice al abuelo:
-Cuando volvamos entraremos, abuelo.
-No llevamos luz, pero con una buena hoguera, algo veríamos
Eso quiso saber el chico. Al regresar fue recogiendo leña, toda la que pudo.
¿Qué era eso para la oscuridad tan grande como allí hay?
En el borde del camino dejaron el cantarito que habían llevado la miel, el tapabocas del abuelo y la bufanda del chico
Y muy contentos subieron con su fajo de leña. Encienden el fuego y se van metiendo hacia adentro. Cuando se dieron cuenta de que el fuego se estaba apagando, rápidamente el abuelo echó al fuego su chaleco. Quisieron salir, pero no encontraban la salida. El chico echó su camisa al fuego.
Andaban y andaban, y ya estaban otra vez junto al fuego.
Fueron despojándose de sus ropas, pero la salida no la encontraban. El chico ya empezaba a darse cuenta de lo grave del caso
Dios quiso que su sobrino, el Tío Joaquín, llamado también Tío Barcelón, le subió la comida para toda la semana para el pastor a la masada. Ésta está edificada justamente encima de la cueva.
¡Ho sorpresa¡. Al borde del estrecho camino, había un cantarico de miel, el tapabocas de su tío la bufanda del chico. Los llamó varias veces por sus nombres, pero nadie respondió.
¿No habrán cometido la temeridad de entrar a la cueva sin saberla?
El Tío Joaquín se subió a la cueva, pues era la persona del pueblo, que más se sabía la cueva.
Se encendió un cigarro, se metió dentro y sin siquiera respirar, fue entrando. Ya oyó llorar al niño. Los sacó de aquel laberinto, casi desnudos por haber echado la ropa a la hoguera.
Subieron muy asustados y como atontados.
Contaba mi abuela que en esa cueva, ella recordaba haber visto unas pinturas muy antiguas. Una cabeza de caballo y otros animales. Que cuando ella se confirmó, el señor obispo fue a ver esa cueva.
En tiempos anteriores el Tio Herrerete fue el que muchos años enseñó la cueva. Y dijo en cierta ocasión, que nunca diría lo que en la cueva había visto.
¿Sería algo bueno?,¿extraño?. ¿Qué sería?
Al hombre siempre le ha gustado conocer cosas extrañas y desconocidas
Pienso yo; por qué motivos nunca mis padres me dejaron ir a la cueva, hasta que tuve mis veinte años. Ya que la ensañaba Aniceto, éramos vecinos y mucha amistad.
¿Recordaba lo del Tío Herrerete?
MANUELA SIERRA
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