viernes, 30 de junio de 2006
Publicado por disnait @ 13:23
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TÍA TRINIDAD
Mis queridos amigos. Voy a contaros de una hija de Molinos.
No tuvo títulos ni académicos ni de ninguna otra ciencia. Pero sí humanamente y espiritualmente, fue singular y célebre
Fue Tía Trinidad Andrés, hija de Pelegrín y Ángela.
Fueron dos hermanos, a éste lo llamaron Manuel de Cristina
Trinidad siempre estuvo son sus padres. Fue una moza extraordinaria, poquísimo corriente. Guapa, alta, trabajadora, inteligente, de muy buena familia en costumbres, etc.
Se casó Trinidad con un sobrino del sacerdote párroco de Molinos, mosen Ambrosio Burillo, descendientes de Alacón. Tuvo cinco hijos. Dos de ellos murieron a muy tierna edad. Miguelico, que así se llamaba su tercer hijo, murió a los cinco años; quedando de él muchos y hermosos recuerdos
Su vida fue apacible pero azarosa. Su madre enfermó y estuvo en cama cinco años con parálisis. Durante este tiempo, ella tuvo a sus cinco hijos
Murió su madre y al poco tiempo su querido esposo, quedando con ella su padre, ya mayor y sus dos hijos, Ramón que se casó con Joaquina y Pilar, que ingresó de religiosa de Santa Ana. Se fue a Venezuela y murió en Caracas.
Fue la Tía Trinidad fuerte, cristiana, siempre buscando hacer el bien, especialmente con los enfermos y gentes humildes.
Fue muy querida de todos. Para ella no hubo distinciones
Fue modélica. Si los muros de la iglesia hablaran. ¡Cuánto dirían de ella¡, como decía mosén Pascual Martínez: fue una santa, buscando siempre ser ella la última.
Tuve la suerte de bajar a Alcorisa con ella. Y ¡qué recibimiento, ¡cuánto la querían sus amigas¡; especialmente las Ariños. Las que ocultaron en algún tiempo a mosén Domingo Buj, durante la contienda española. La que no deberíamos haber visto.
Tres sobrinos de ella se casaron con dos tías mías y una prima. De ahí viene el tener tan buena relación.
Paco antes de morirse me dijo: no creas que todo es de color de rosa en la vida. Van muchos lobos con piel de oveja en la vida; y por ellos encumbrarse, mienten por rebajar al prójimo. Te lo digo porque a mi me ha sucedido.
Gracias Tía Trinidad, por las buenas cosas que de usted he aprendido. Cuando llega la fiesta de Todos los Santos, pienso que usted también está metida en ello, por la santa vida que llevó, aunque no la hayan canonizado
Yo creo que está en el cielo, y le ruego interceda por todos nosotros
Mientras viva la recordaré con muchísimo cariño
MANUELA SIERRA

lunes, 19 de junio de 2006
Publicado por disnait @ 23:00
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Contemplando el paisaje estoy
Me trae mi hijo de Zaragoza
¡Que llanuras tan fértiles encontramos¡
¿Qué no tiene esta hermosa tierra?
Que yo echo de menos
¡Hay¡, son mis queridas montañas
Las que tanto quiero
Poco me engañaría
Al dibujar sus entornos
¡O¡ mis montañas queridas
Cuando hay un rebaño de ovejas
Paciendo vuestra onerosa hierva
Tan contentas comen ellas
Parece que están atadas
A alguna hierva
Todo esto lo cariño
Y lo amo. En ello me he criado
Y pensado en ello
Se alegra mi alma
Y mi corazón parece
Que se ensancha
Mis queridas montañas
Os cariño y os quiero
MANUELA SIERRA

martes, 06 de junio de 2006
Publicado por disnait @ 23:54
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LOS TIEMPOS
El transcurrir del tiempo nos trae nuevos modos de vida y costumbres
Recuerdo que cuando yo era niña, la noche de Todos los Santos era muy temida, al tocar toda la noche, cada hora el fúnebre toque de muertos
Las gentes contaban casos ocurridos en aquella noche
La juventud seguía su ritmo y si algo malo ocurría, se le achacaba a la temida “noche”
Mi padre vivía en Sana Lucía y toda la semana de masoguero, se ansiaba llegara el domingo o fiesta para irse al pueblo.
Una se esas noches todos los mozos se fueron a sus casas, pero mi padre tenía que irse a la masada. Al llegar él a la Cuesta del Collado, empezaron a sonar las campanas de Molinos, en el mismo instante las de Berge, las de La Mata de los Olmos, aquel fúnebre toque, que sintió miedo. Y algo que le dejó como anonadado. Ya se había repuesto del susto y él, camino adelante hacia su casa; cuando al llegar al paso que se sube al olivar de las Señoritas, en la Calavera, en aquella revuelta, de pronto se va a encontrar con una mujer, toda de luto, embozada con un grade pañuelo negro, y se conocía llevaba una cesta. No le dio tiempo para esconderse ni para correr. Ella muy cortésmente le dijo –Buenas noches. Y le contestó: gracias
Si esto hubiera ocurrido otra noche, nunca lo hubiera contado. Pero la noche de Todos los Santos causaba mucho respeto
Y pienso yo: ¿Qué le ocurriría a aquella pobre mujer?. Caminar por ese paraje, la ombría terraza, todo pinar y montañas. En una noche tan temida en aquellos tiempos?
Esto ocurrió en el año 1915
MANUELA SIERRA