Memoria Abierta - Manuela Sierra - MOLINOS TERUEL


miércoles, 22 de noviembre de 2006

LA MERIENDA - MOLINOS

Por disnait a las 22:24
LA MERIENDA
Como las mariposas revolotean alrededor de las flores hasta posarse en ellas; así han revoloteado en mi memoria, los amigos de mi padre, que fueron entre ellos tres muy amigos:
El Tío Jorge, el Tío Miguel de la Anica y el Tío Pascual el Cabezano; llamado así porque vinieron de la Masada el Cabezano de Ejulve aquí de medieros para el Señor Jaime
A los dos primeros les unían lazos familiares con mis padres
Con poco pasaron sus vidas, además divirtiéndose mucho a sus maneras de ser.
Rememorando que hacían merienda todas las fiestas “de incienso”, así se decía entonces
Ellos aprovechaban todo. Recogían los caracoles, al retirar los alfalces. Compraban una oveja vieja para que estuviera gorda; en fin, mirando siempre gastarse poco y estar todos juntos
En la casa que se hacía la merienda ponían todo excepto el segundo plato
Voy a contaros una de esas modalidades de divertirse:
El Tío Pascual en casa de mis padres, fue de casa. Él se encargó siempre de servir de la bodega. Un pozal de vino cabía 10 litros. Contentísimo siempre hacía este menester. Mientras salía el vino cantaba una de las veces esta cancioncilla
Mi caballo murió
Mi alegría también
Dejaba de cantar unos segundos para probar el vinillo. Cada ratico subía su tono de voz
El día a que me refiero, ya iban llegando los cenadores y se sentaban en el comedor. El Tío Pascual, llenó la caldera de vino y subió arriba cantando la misma cancioncilla:
Mi caballo murió
Mi alegría también
Los amigos que lo esperaban en el comedor, al oírlo, se arrodillaron todos. Al llegar el Tío Pascual más contento que unas castañuelas y ver a todos los que allí estaban en aquella posición y con caras tristes; el pobre hombre se asustó, levantó un brazo y todo extrañado exclamó
-¡Qué está pasando esta casa¡
Muy serio el Tío Jorge contestó
-Como dices que se te ha muerto el caballo; te acompañamos en el sentimiento
Y se levantaron
Aún me parece ver al Tío Miguel con lo mocetón que era, de rodillas. No he visto nunca reírse a nadie tan a gusto y tanto rato
¡Veis como no hace falta tanto para pasárselo bien¡. Hay que tener ingenio y ellos lo tenían; ya que de otras cosas escaseaban
Los recuerdo a todos por que los quise. Que fueron bastantes más; y todos sencillos, humildes y muy amigos
MANUELA SIERRA

Comentarios