martes, 16 de enero de 2007
Por disnait a las 10:22
Mi vida de niña en Molinos
Comparo mi vida de niña en Molinos como las abejas que hay en una colmena. Al venir el día, salen todas presurosas lanzando sus propios zumbidos. Cada una se va por un lado a buscar las bellas flores que dejó el día anterior para libar el néctar dulcísimo de las flores y llevarlo al panal
En todas las casas se levantaban al venir el día. Cada uno de casa tenía sus faenas. La madre encendía el fuego, el que servía para cocer los alimentos y calentarse
La madre hacía dos o tres viajes a la fuente a por agua. Si ésta amasaba el pan para ocho o nueve días, ponía sus grandes ollas al fuego y luego a amasar. Se deshacía bien la levadura, que se hacía el día anterior. Había que ir al horno con puntualidad. Te juntabas con tres o cuatro mujeres más. Cada una elegía el señal que habían de llevar sus panes
Si esto coincidía la semana de rondar los quintos, casi era un rito que estos mozos te llevaran las canastas de masa al horno que tu querías ir; y luego hacerles en paga un hermoso bollo o un sequillo
Éstos rondaban una semana y comían en la casa de uno de ellos y el domingo siguiente hacían una ronda y una especial comida
Toda aquella semana por la tarde hacían baile
También disfrutaban de torear por el pueblo la cabra u oveja que se comían en aquella semana
También los mozos medio disfrazaban para ser distinguidos a los demás
Los mozos se juntaban varios y se iban a traer cargas de romeros para que el ganado tuviera algo que rosigar durante la noche y esto les serviría para el fuego para cocinar, calentar y alumbrar
Las mujeres traían las verduras del huerto y ayudar muchísimo en la siega, recoger las olivas, etc.
Los hombres echaban de comer a las caballerías y después al corral. Estos estaban fuera del pueblo. Arreglaban los corderos y llevaban las ovejas al corral de la parcería. Esto consistía en juntarse unos cuantos, los que no tenían pastor y entre ellos formar un ganado e ir a pastorear los días que le tocaban
Y por la tarde a buscar el ganado, faena que la hacían los niños y niñas
¿Cómo no había de haber gente por las calles si sólo niños había noventa y pico matriculados y luego las niñas que no seríamos menos?
El pueblo siempre tenía por sus calles niños jugando o haciendo lo que sus padres les mandaban
Los chicos jugaban mucho a la pelota contra la pared de la iglesia y las niñas a saltar a la comba. Llevábamos una cuerda con más nudos que glorias tiene un rosario. Gracias que teníamos buenas piernas para correr, que en media hora subíamos para escondernos hasta casa de los Cantines jugando a “tierra descubierta”
La arteria principal del pueblo eran los dos ríos. Siempre en éstos había mujeres. En uno estaba el lavadero. Especialmente se lavaba el lunes, que no se cabía casi en ellos. Al río se iba a lavar la vajilla. Lavar entonces muy en popa tripas de cerdo, de gallina, de conejos. Se aprovechaba todo. Además habría catorce o más patos, todo el día por el río y varias gallinas
Molinos llegó a tener en mi recuerdo unos novecientos habitantes
Entonces se celebraban muchas bodas, todas tenían ganas de que llegara el santo casamentero, llamado así por celebrarse éste en el mes de septiembre. San Miguel, éstas se celebraban con solemnidad y resultaban ser muy hermosas. Han quitado de ellas todo su encanto. Otro día os contaré su ritual
El punto de encuentro entre los mozos era el pilón de los caídos, donde está ahora el monolito
Antes tenía escaleras donde los mozos se sentaban esperando que las mozas vinieran a la fuente a buscar agua fresca para cuando sus padres llegaran del campo
¿Cuántas cantaricas se rompieron en la fuente?
Cuando se iba la chica hacia casa con su agua, el mozo que la quería y que la esperaba se iba tras de ella. Ésta lo esperaba y era acompañada de éste. Cerca de su casa se paraban a charrar un poco y esto era señal de un nuevo festejo
También se celebraban muy buenas fiestas de Pascua. Esto más bien para gente joven
La fiesta de la procesión era para todos. Traían música y la plaza se llenaba de gente. Unos bailando y otros mirando
El pueblo estaba lleno de gentes. Muchos huéspedes. A mi me encantaba todo aquel trasiego de gente. En algunas fechas lo cariño
No conocíamos ni la radio ni el teléfono
Estábamos contentos con nuestras pequeñas cosas. Sólo nos sobró en mi generación una cosa: la infame guerra
MANUELA SIERRA
Comentarios
- Fecha: martes, 16 de enero de 2007
- Hora: 10:39
- Autor: Invitado
Y sin embargo se podía vivir, sin televisión ni internet. ¿Significa eso que cualquier tiempo pasado fue mejor? Yo soy de los que creo que no, que no era mejor, si acaso porque éramos más jóvenes y quizá nosotros éramos mejores y no los tiempos que corrían.
Me gusta esto de que escriban desde el ignoto Teruel, oiga.
Oz comopienso com