NATIVIDAD
Con qué ilusión y regocijo se esperaba llegase la Navidad. No era para menos, por lo bellas y participantes que eran
Los despertadores y los rosarieros siempre siguiendo en sur deber voluntario:
Vamos, vamos alegres, contentos
Cantando y bailando
Al Portal de Belén
Que ha nacido el Señor de los Cielos
Hecho en humana
Para nuestro bien
Vinieron también los pastores
Al recién nacido y con fe ardiente
Le adoran también
De un establo hiciste Señora
Mansión del Cordero. Nos vino
A salvar a los hombres que eran esclavos
Del ángel soberbio y del diablo infernal
Pues es de observar
Como el Rey de los Cielos y Tierra
Está tiritando en un frío portal
Los mayorales que eran los mozos, tenían la obligación de sacar hacha los días de “incienso” en la misa al “alzar a Dios”. Traer la leña para la grade hoguera, sirviéndoles de calor y alumbrado. Todo estaba muy ordenado. Siempre respetando las viejas costumbres. A las dos mozas buscadas por los dos mayorales, siempre las iban a buscar a sus casas acompañados de los gaiteros y la chicallería. Éstas tenían la obligación de hacer dos bellas y grandes tortas llamadas “primas”. Todo lo ancho de la boca del horno. Y éstas eran subastadas el último día de fiestas y con ello pagaban alguno de sus gastos. Casi siempre eran compradas por los padres del mayoral
Los últimos en celebrar y respetar estas costumbres y mitos fueron: Pedro Molés y éste bailó con Joaquina la Chulina. El otro mayoral fue José Arpi, bailó con Victorina. Muy guapas mozas las dos
Durante los descansos para los gaiteros los mozos y mozas hacían un círculo todo alrededor de la plaza. Previamente habían llevado a la plaza una portadera de vino. Y empezaban todos a cantar:
Hasta que el artillero no diga “bomba va”
Hasta que no dispare
Ninguno beberá
Ay que beba que beba y que “pum”
Un mozo llevaba un trabuco, y éste entonces disparaba. Ya se deshacía el círculo y los mozos todos se iban al rincón de la plaza, y los mayorales les ofrecían su jarrica de vino
El último día se subastaban las primas
La Tía María la Esquiladora, madre del mayoral, se le escapó decir: la de mi chico no se la llevará nadie. Y alguien lo oyó y empezaron a pujar con veinte almudes de trigo y llegaron a pujar hasta cien almudes. Cosa que nunca había ocurrido
El tercer día era ser mayoral a suerte. Y le cayó a la Tía Farnosa; Jermán. Gente muy buenos, pero pobres. Él dijo que lo sentía mucho, pero que no podían gastar. Todos los mozos se ofrecieron a ayudarle, y así lo hicieron. Se buscó su bailadora; su vecina María Manuela, tía de Tremedal y Amado. La que murió al poco de haber celebrado aquellas preciosas fiestas llenas de amor y cordialidad
MANUELA SIERRA
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