Memoria Abierta - Manuela Sierra - MOLINOS TERUEL


jueves, 19 de abril de 2007

CONTESTACIÓN A ANA MOLÉS DE ZARAGOZA - MOLINOS - TERUEL

Por disnait a las 14:01
CONTESTACIÓN A ANA MOLÉS DE ZARAGOZA

En Molinos hay varias ramas del apellido Molés
Una el llamado Tío Molejón, no sé si por su corpulencia o para distinguirse de los demás. Este señor tuvo tres hijas, el hijo llamado José Molés. Siendo sus hijos adolescentes, ya partió sus bienes y en su estribillo sólo nombra a los hijos que describo
La otra rama fueron los familiares de mi marido. El segundo apellido también era Molés. Su abuelo se llamaba José Molés, como el hijo que murió en la contienda española; y un sobrino también llamado José Molés
Otra rama es la familia del Tío Sordo Colás. Éste tuvo dos hijas y un hijo. Un nieto de este señor se casó coreana y se llama Manuel Lamiel Molés. A todos he conocido
Otra rama fue el Tío José Molés, el Calores de mal nombre
Usted sabrá el segundo apellido de su abuelo, o el “mote” y con más información, a ver si algo averiguamos
MANUELA SIERRA

sábado, 14 de abril de 2007

Don Jose Repolles - molinos - teruel

Por disnait a las 16:08
DON JOSÉ REPOLLÉS
Han pasado muchos años, lo que de él recuerdo, yo se lo cuento
Sólo dos pueblos separan el suyo y el nuestro. Me he alegrado al saber que le agradaría tener información de su abuelo: Don José Repollés
Al matricularse tantos niños se vieron en la obligación las autoridades de crear dos nuevas escuelas y solicitar nuevos maestros.
Vinieron don José Repollés y Doña María Arnal, de Obón.
De los dos, creo, fue su primera salida, debido a que eran muy jóvenes.
A Doña María le debo lo poco que sé. A Dios gracias aún vive.
Fueron muy trabajadores, sencillos. Se relacionar y se adaptaron muy bien al pueblo
Creo que su abuelo aún fue llamado a la contienda española; y luego volvieron al igual que Don Joaquín Carbonell, que también estaba aquí de maestro.
Fue Don José muy emprendedor. Abrió una mina de carbón en la Cerrada, junto al pueblo. Él llamó para sus obreros a todos los mozos del pueblo que tenían que ir al Servicio Militar. Esto les convalidaba, traían alguna perrica a casa, les ayudaban algo a los quehaceres del campo y no gastaban en viajes. Esto fue una ayuda en muchos hogares
Todos estaban muy contentos con Don José.
Los jóvenes ya estaban muy familiarizados con la mina, pero ésta fue traidora con ellos; llenándose de ese gas mortífero; y los ocho mozos que entraron pronto se quedaron medio muertos. Debió de darse cuenta de ello el primo de Calanda, que don José trajo para que le ayudara, pues no dejaba la escuela. Este primo se llamaba Antonio y creo fue quien dio la voz de alarma. Hasta las campanas sonaron en son de tragedia. Todo el pueblo acudió. Gracias a Dios, todo quedó en un grande susto.
Pronto llegaron las fiestas y Don José participaba mucho en ellas. Además muchos años subieron los músicos de Calanda.
Recuerdo que siempre bailaba en la plaza con alguna mocica del pueblo. Hacía honor a las fiestas.
Un año pagó él a los músicos para que se quedasen y fuera fiesta también el martes. Recuerdo que lo pasaron muy bien. los maestros y la flor y nata del pueblo, sentados en la puerta de sus abuelos, en el rincón de la plaza.
Tal vez fuera uno de esos años que subían a casa de doña Manuela, la abuela de usted y su hermana. Y tal vez brotara la flor del amor de casarse Don José con su abuela
Estando en el faenón que tenía con la escuela y la mina, recuerdo vino a nuestra casa preguntando por mi padre. Estaba en el campo.
- Cuando venga, dile que necesito hablar con él. No te olvides Manolita.
Nadie me había llamado con aquella cariñosa voz. Yo creía que no sabía mi nombre y que a la gente sencilla como éramos nosotros, no se les llamaba con aquella finura.
Fue mi padre a hablar con él; y era para que le trajese con el carro los maderos que había comprado. Una alameda. Y era urgente, necesitaba la madera para entibar la mina.
Mandó dos de sus obreros al campo de mis padres a que le hicieran su faena; y mi padre fue a traerle las maderas con el carro. Vinieron al campo Manolo y Agapito
Don Josè se hacía cargo de las obligaciones de lo demás.
En resumen, fue una buena persona, amable y amiga de todos. Trabajador incansable
Recuerdo con mucho cariño aquel grupo de maestros que llenaron de alegría al pueblo por la juventud que ellos tenían.
Don José Repollés compró la imagen de Santa Bárbara. La que hoy veneramos
Como puede comprender, lo que yo le cuento son cosas sencillas, pero los niños son como las cámaras de la fotos. Que todo lo captan. Y yo, recordando todo esto he sido feliz.
MANUELA SIERRA

lunes, 02 de abril de 2007

los vecinos - molinos teruel - manuela sierra

Por disnait a las 22:56
LOS VECINOS

Mis queridos amigos. Mi cariño hacia mis vecinos, hace que os cuente algo de sus vidas
Fueron unas bellísimas personas, humildes, sencillas; pero muy humanas y buenas
La Tía Acera, o sea, Josefa, madre de once hijos, me contaba que muchas noches con la linterna; (aún no había luz eléctrica); en la acequia del molino, cerquica de su casa, lavaba sus camisicas y alrededor del fuego, una en cada silla, las secaba para el día siguiente ir a la escuela limpicos
Entonces la plaza era el lugar para jugar y encontrarse
El señor alcalde, entonces Joaquín Planas, decía: los chicos que más limpios van, son los de la Tía Acera
La Tía María la Ventera, fue, como si dijéramos, la reina de la calle. Siempre tuvo su puerta abierta, para ayudar a sus vecinos; que mucho lo necesitaban
La Tía Palomara, de corazón grande. Cuando hacía mostillo, que eran vaseros, procuraba sacarlo del tarde para que todos los chicos de la calle fuéramos a rader el caldero
La Tía Antonica, a la que muchísimo quise, cuando mi madre se iba al corral después de haber estado cosiendo en su puerta todas las vecinas, ella me cuidaba y yo me alegraba. Me cogía en su alda y me arrullaba contra su pecho. Un día me di cuenta que algo raro tenía en su cuello; que aquel bulto tan enorme que llevaba; ninguna de las demás vecinas lo llevaban
Tía Antonica, qué tiene en su cuello?
Que me pasé un huevo de gallina entero¡
Mi gordica y tierna manica la pasaba por su cuello
Esta niña tiene la manica como la seda
Os contaría un sin fin de cosas de mis vecinas
La Tía María la Ventera no tenía hijos; y le gustaba pasar la tarde de pequeña fiesta con sus vecinas.
Cuando en el bancal de las Señoritas, que era la finca desde el río al camino de la Umbría y si estaba sembrada de patatas y los bledos nobles al salir ya medían quince centímetros, llamaba a sus vecinas y preparaban la fiesta. Las Señoritas, previamente avisadas; esta finca estaba toda vallada. Allí si ellas no abrían, nadie podía entrar. Dos o tres vecinas cogían los bledos, otras los limpiaban y la Tía María ponía el calderico del matacerdo al fuego para cocer bien los bledos, ella, luego los aliñaba sin escatimar en aceite, preparaba dos mesas en el cuarto, o sea, en la calle. Dos platos de olivas verdes y negras. La Tía Palomara, agua miel, la Tía Acera, nueces, una cestica de ellas, la Tía Antonica no me extraña, bajara orejones, que a nosotras nos daba, que tenía algún presquero
Todas procuraban poner alguna cosa y al final la tía Acera, bailaba el baile del enano, cosa que hacía maravillosamente
Recuerdo muchas cosas de esto, lo cual me causa inmensa alegría

MANUELA SIERRA