Memoria Abierta - Manuela Sierra - MOLINOS TERUEL


sábado, 19 de abril de 2008

LAS FUENTES - MOLINOS - TERUEL - MAESTRAZGO

Por disnait a las 16:24

LAS FUENTES

 

Todos sabemos que el agua además de necesaria para vivir, es la alegría de la vida

Yo antes, creía que no había ningún pueblo sin río

Nuestros antepasados quisieron que ni sus esposas ni hijas tuvieran el trabajo de acarrear todo el agua que se consumía en la casa

El Ayuntamiento creyó conveniente  hacer dos fuentes. Los habitantes solicitaron que se hicieran en sus calles:

Los solaneros, en el patio o en San Nicolás. La calle del Rosario, en el Replacino de las Pacas o en el Puente; otros en el Pellerique, en la calle de la Morera o en la Replaceta; en la calle del Horno o en la Abadía

Revisadas todas las peticiones; acordaron hacer dos fuentes. Una en la pared del Tele Club; en frente del puente; y otra en la pared de la casa del cura. Ésta aún existe, conduce el agua desde el depósito hasta la fuente por tubería de vajilla o loza; y sale el agua muy buena, nunca caliente

La fuente de abajo tenía la tubería de metal y siempre se le tuvo algo de ojeriza

Al poner el agua corriente por todo el pueblo, a ésta la inutilizaron. Tenía un abrevadero estrechito, desde la fuente hasta la esquina de las escuelas y de allí al lavadero que aún existe. Cuando se iba al campo, las caballerías bebían e igualmente cuando regresaban. Ese abrevador lo diseñó mi abuelo, que era segundo alcalde. Lo criticaron y le decían el Polaco

-¡Más vale que les de más cebada a los machos, que no tanta agua¡

El agua sobrante pasaba al lavadero y nada se desperdiciaba

Cuando estas fuentes empezaron a conducir el agua, estaban todos contentísimos. El ir a la fuente costaba menos tiempo que el ir a la acequia del Hinchidero

Como siempre ha habido gente pincha que quieren salir con la suya; y a todos no se les puede contentar; una señora dijo, y lo cumplió; que ella nunca iría a la fuente a por agua, por no haber puesto una donde ella lo solicitó

También la fuente fue punto de encuentro entre la juventud. Al anochecer los mozos acudían al Pilón de los Caídos. Entonces era diferente que ahora. Y allí se sentaban hasta que las mozas acudían a buscar el agua. Se acercaban los unos y las otras y no faltaban risas. Las mujeres mayores que esperaban su turno para llenar sus cántaras, pasaban mientras los mozuelos contaban sus andanzas y riéndose alegraban a los demás

El mozo que cortejaba a una moza la acompañaba hasta la esquina de la calle más cerca de su casa. Ésta llevaba la cántara de Calanda al lado izquierdo y la botija de beber en la mano derecha. La moza ni se enteraba que iba tan cargada

Como esta costumbre ya la tuvieron nuestros padres, a nadie extrañaba que dos jóvenes estuvieran en la esquina próxima a su casa

Siento en el alma que aquellas viejas costumbres se hayan olvidado

 

MANUELA SIERRA


Comentarios