MOLINOS
Mis queridos amigos:
Voy a contaos algo de mi sencilla vida
Viví con mis padres; y mi madre siempre me aconsejaba lo que ella creía que convenía
Hasta hace muy pocos años, los colchones que se utilizaban todos eran de lana de sus propias ovejas. Se dormía muy bien en ellos; pero cada dos años, había que varearlos. Siempre hubo vareadores. Al quedar pocos por usar ya los modernos, los vareadores se acabaron y los arreglábamos las mujeres, faena no propia para ellas. Consistía en deshacer el colchón y a la lana pegarle varadas con una vara muy fina para ahuecarla. Para ellos te ponías la ropa peor que tenías y pañuelo a la cabeza. Terminabas el día cansada
Vino mi hermana a ver a mi madre; y ésta nos dice:
- Ir a la Iglesia a ver a Santa Lucía; que fue muy devota de ella
yo le dije:
-Madre; estoy molida-quería decir cansada- no tengo ganas de cambiarme de ropa
-Expólsate un poco y ves así que no te verá nadie
La madre aquí se engañó. Al llegar a la fuente se presentó un coche
-Señoras. ¿Querrían contestarnos a unas preguntas?
Las elecciones estaban cercanas y mi hermana se fue. Yo me acerqué al coche y les dije
-Si es algo de política……
-Nada sabemos de esto, Señora. Queremos saber cómo se celebran en Molinos las fiestas municipales
-Si es esto lo que ustedes quieren saber; algo les diré
Desde allí mismo les dije
-Aquí estaban los Mayorales de la fiesta y las autoridades. Se hacían carreras de entalegados hasta aquella puerta-y señalé la puerta de la Señora Manuela-; candiles los jovenzuelos en la bragueta encendidos, dar la vuelta de San Jorge, etc
-Oiga señora, y los cantaros en la cabeza, ¿no lo hacían?
Yo me eché a reír
-Sí, ya lo creo que sí. Con tres cántaros
-Si nos recomendara a alguna señora que los llevara en la cabeza…
-Si a ustedes no les parece mal, yo los llevo los tres cántaros
Fui a la fuente con la cántara de Calanda, esa grande en la cabeza, otra más pequeña al lado izquierdo y la botija de beber en la mano derecha
Pasaron los años; y el señor que me hizo la foto en la fuente, la imprimió en un libro; y este buen señor, Don Celedonio, ha resultado que está en Fuentes de Ebro en el Instituto de mi hijo, el que tuvo mucha alegría cuando su compañero se lo enseñó
Ahora ya tengo el libro. ¡Cómo se engañó la madre cuando me dijo: nadie te verá¡ ¡no contábamos que saldría yo con mi humilde ropa en un libro¡
Nunca podemos predecir lo venidero
Don Celedonio, compañero de mi hijo, es un señor trabajador, incansable y muy amante de lo relacionado con el agua
Os cuento esto para que veáis lo mucho que aquí han trabajado las mujeres en el campo, animales y lo relacionado con la casa
Perdonarme se esto no os ha gustado
MANUELA SIERRA