EL SASO
En todos los tiempos ha habido gentes de todos los modos de pensar
En la partida del Saso siempre hubo muchas viñas; ya allí mismo me contó mi madre lo siguiente:
Se tenía por costumbre ir a buscar cestas de uvas para comer en abundancia
En esto que voy a contaos comprenderéis lo buenas personas que fueron mis abuelos ayudando al prójimo en toda clase de sufrimientos
Fue una señora a buscar un cesto de uvas al Saso. Pero en vez de cogerlas de su viña; se puso a cogerlas en la viña del vecino. El guarda de montes la sorprendió; pues no era la primera que hacía de este estilo. Ella le prometió dinero para que nada dijera. El guardia le dijo que a él le pagaban para que aquello no sucediera
Por la noche llamaron que se presentara a Casa de la Villa la señora de las uvas y que para escarmiento debía de pasar la noche en la cárcel. Que eran benévolos con ella y que dejaban que alguien la acompañara, que no fueran parientes. Al momento pensó en Carmela
¡Cómo no voy a ir a acompañarla¡
La abuela fue a casa a pedir permiso a su esposo y coger algo de abrigo
Mi abuela quiso irse con su madre. A ésta se le habían muerto dos hijos. Uno de cinco años y otro de tres. Así que la abuela niña tenía más mimos que debía haber tenido. Así que también se fue a dormir a la cárcel con su madre
No era la cárcel que todos conocemos; sino que era un cuarto oscuro que había en el Tele Club, con una grande reja, donde depositaban a los que se morían en el campo o se suicidaban
La señora que me he referido era de las que más bienes tenían del pueblo. Pero también tenía el malísimo defecto de desear lo de su prójimo
Los abuelos ayudaron a su prójimo en lo espiritual y corporal
Estoy contentísima de haber tenido unos antecesores así. Aunque no les conocí, estoy contentísima de ellos
MANUELA SIERRA