MIS RECUERDOS
La imaginación es algo loca hoy. Al ir al médico he leído “calle Alvareda”. Por mi mente han pasado mis queridos padres, mi tía monja, los hijos de Tío Pañete Sixta”, su marido Ángel, los que nos ayudaron a que el angelote que se salvó de las llamas en la contienda española, que mi madre pagó su restauración a los hermanos Alvareda y ellos nos escribieron por mediación de los Pañetes. Estos señores nos dijeron que era una bella imagen del siglo XV. Angelotes que simulaban que sostenían las hermosas puertas del altar mayo de la iglesia parroquial, esculpido por Damián Forment. Esta ilustre familia estuvieron empadronados en Molinos y casaron una hija de esta familia con un joven de Molinos. Eso fue la causa de hacer el retablo mayor de la iglesia, hecho varios años antes que el altar mayor del Pilar
Me contaba Paco, mi marido, que fue desde muy niño monaguillo; que en aquellos tiempos, antes del año 1935, ya le daban a una ruedecilla y la Custodia se elevaba sola
En el altar dejaron los Alvaredas varias obras suyas y todas terminaron en cenizas
¡Qué poco amor se le tenía al arte, tan bello como es¡
En estos tiempos la iglesia de Molinos podría haber sido un museo solamente con las bellísimas tallas de imágenes que la iglesia tenía; y el enorme faristol que había en el coro, lleno de libros, algunos de ellos de piel y de un enorme tamaño
El órgano era antiguo, pero de fama en horas a la redonda. Se oía perfectamente del arco de la plaza. Tenía un terno bordado en oro. Si la construcción es preciosa, la ornamentación era a juego
Todas la imágenes estaban repartidas; las de medio cuerpo eran para ponerlas en la peana, para las procesiones
Tuvimos una gran riqueza en arte. El calage que había en la sacristía, valía más que todo lo que hay hoy en la iglesia.