MOLINOS
Día 23 de marzo
Queridos hijos de Molinos, los pocos que mayores que una servidora viven; y otros pocos más jóvenes. Al llegar estas fechas las recordamos con tristeza y también con algo de alegría revuelta
Después de 40 días de despacharnos de nuestras casas por haber quedado el pueblo entre dos frentes de luchadores; era peligroso el estar tan cerca
Nosotros estuvimos en cuatro masadas; y es natural que los amos de éstas tuvieran algo de predilección al estar en sus propiedades
Mi padre, arto ya de tanto cambio, estaba como pobre en puerta ajena. Nos llevó a nuestra masada da la Manzanera, en la que años anteriores se hacía allí el pan; pues siempre hubo en ella los medios, y aún existe la boquera del horno de pan cocer.
Poco nos duró el estar todos los más íntimos juntos. No entro en los motivos. Mis abuelos y sus tres hijas tuvieron que irse de allí. Mi tío Paco, el hijo de éstos ya tuvo que irse; así que nos quedamos con un hermano de mi padre, su esposa y su hijo. Mi abuelo, el pobrecico acudió a Santoles, que allí tenía un amigo creo que de la mili; y vivía con su hermana, llamada Matilde y el Perico. Poco duró aquel recibimiento que les hicieron. Sin terminar de cenar fueron visitados por dos señores con la cabeza tapada. Cogieron mucho miedo u se marcharon hacia el Mas de las Matas las cuatro familias que estaban en Santoles. Al llegar al pantano de Castellote, donde ya estaban los guardias y soldados nacionales, según se llamaban entonces. Les echaron el alto y Pesquis (de mal nombre) contestó: semos los alocaus de Molinos. Quería decir los evacuados de Molinos. Mis tías y otras chicas que allí iban y que tendrían 14 años empezaron a reirse de lo que el pobre pastorcico había contestado. Éste llevaba junto a él siempre sus ocho o diez ovejicas, a las que salvó. Siendo éstas de las pocas que quedaron en el pueblo
Una o dos familias se quedaron en el Mas de las Matas por tener allí conocidos, pero mis abuelos y demás familias, muchas de ellas partidas, se fueron a Alcorisa. Allí se les portaron muy bien, el Ayuntamiento y demás gentes
Recuerdo muy bien que mi madre siempre estaba llorando por su familia
La Manzanera, o se, nuestra masada adonde estábamos, se liberó el día 24 de Marzo, o sea, al día siguiente que Molinos. A las tres horas ya nos bajamos al pueblo con mi tía. Tenía a su marido en la cama y al ocurrir el combate no pudo bajar el día 23
En el Pocico Pallarés, en mitad del camino, nos encontramos con un soldadico muerto. ¡Qué susto y qué pena¡. Le habían quitado las botas y estaba descalzo
¡Cuánto he pensado en él¡. Cuando he pasado por ese camino siempre me he acercado a la sepultura
Amigos, eso trae las guerras. Penas, muchas penas…
Detestar las guerras; odiarlas si es preciso
MANUELA SIERRA