EL BARRANCO
Al entrar en Molinos
Encuentras el Barranco
¡Es impresionante¡
Dentro de un Pueblo
Creo que único sea
Por sus dimensiones
La hiedra
Va bordando los muros
Para ocultar
La obra de los hombres
Y sólo se vea
La obra por Dios hecha
Este variado verde
Desde la señorial hiedra
Latoneros e higueras
Y otros muchos
Arbustos y hiedras
Realzan tu belleza
Y la vista en ello se recrea
El agua de Altoya
Que baja cansina
Por entre las hierbas
Al llegar a ti
Allí se despeña
Dentro del pozo
Tienes una cueva
Este hermoso salto
Chorro cascada
O como llamarlo quieras
Es impresionante
En grandes tormentas
Es tan impetuoso
Que casi se hace galerna
También te embellecen
Las muchas palomas
Que anidan en ti
Y al oír los ruidos
Marchan presurosas
Respetemos todos
A nuestro Barranco
No tiremos nada en él
Que pueda empañarlo
Y cuando pasemos
Fijemos en él la vista
Que es un relicario
Sólo le falta
Estar iluminado
MANUELA SIERRA
DON JOSÉ PINOS LAMENCA
Fue
párroco de Molinos unos años. Yo recuerdo más a su antecesor mosén
Tomás y creo será porque este señor estuvo más años entre nosotros.
Puedo
decir que fue un buen sacerdote y que estaba mucho por los niños.
Recuerdo que al final de la misa del domingo nos enseñaba con otras
personas el catecismo y nos daba una asistencia; o sea, como una moneda,
y después del rosario, con ella, entrábamos a ver el cine que élnos
hacía en su casa, ayudado de su hermana, la señorita Aurora
Fue muy trabajador, humilde, sencillo y valiente
Un
familiar le parecía ver la Cueva las Baticambras, que se debió refugiar
en ella y saldría a calentarse al sol; ya que las cuevas siempre son
frías. Creían que habría sido una imaginación. Al atardecer se presentó
en la Cerrada; finca de mis suegros; con los que tenía mucha amistad. Y a
mitad de la noche fueron a la iglesia con el fin de sumirse las
sagradas formas, no las profanaran. Fueron Don José, mi suegro, o sea,
José María y Paco mi marido, que éste era un niño. Creo fue la última
vez que entró en la iglesia según me contó mi marido
El
amor que tenía a su profesión, lo hundió, pues ya tenían parte de los
muebles embalados para irse a otra parroquia mejor que Molinos. Según yo
oía era catedrático. Por no dejar a la deriva la parroquia permaneció
en ésta hasta el final. Desorientado él mismo fue hacia sus enemigos. Lo
cogieron en Alcorisa y cuando se dio cuenta de lo que le iban a hacer,
levantó el brazo y exclamó con toda su fuerza “Viva Cristo Rey”. Estas
fueron sus últimas palabras. Creo yo que sacó su rosario y con su
breviario en la mano fue fusilado. Creo que el Señor lo habrá
recompensado
MANUELA SIERRA
EL ALBA
¡Qué grandes bellezas
Nos trae la vida!
Alba generosa y fecunda
Todas las mañanas
Das a luz un día
¡Qué maravilla!
¡Ho! Bella alborada
Como bola de fuego
Haciéndose paso
Entre las montañas
El sol aparece
Para esto no hay modas
Ni cambios de horarios
¡Levantad humanos!
Que os traigo el gran regalo
De otro bello día
No hay mejor regalo
Que el tener vida
Para estrenar
Otro nuevo día
MANUELA SIERRA