Tal vez os parezcan ñoñerías - MOLINOS
Ya
llegó el mes de agosto; este mes llena de alegría las casas. Los hijos
que tuvieron que irse del pueblo a la ciudad en busca de trabajos por
haberse helado los olivares, de los que se obtenía el dinero para
cubrir los gastos que conlleva una familia.
En las vacaciones viene al pueblo, por estar en él padres, hermanos y demás familia.
Molinos remocea con los cantos, chillidos de los niños, fuertes risas juveniles que irradian por todo el lugar
Llegan
las fiestas mayores en honor a Santa Lucía, éstas se celebran el
segundo domingo de mayo, por haber concedido al término de Molinos el
agua para los campos que ya estaban todos medio secos por la grande
sequía que estaba padeciendo. Las autoridades pidieron permiso, las
civiles y las eclesiásticas, ir a la ermita de Santa Lucía en rogativa,
según le oí decir a mi querida tía Sor Soledad, que ella había ido. Las
niñas vestidas de blanco con el cuello tendido ya que entonces las niñas
llevaban moño. La inmensa mayoría fueron descalzos y con mucha
devoción. Santa Lucía los escuchó, cuando llegaron a la mitad del camino
de Molinos se dieron cuenta que se veían unas nubecicas y que iban
creciendo. Cuando la imagen de Santa Lucía entró en la iglesia de
Molinos, empezó a llover y lo hizo durante ocho días
Las
autoridades, agradecidas, pensaron en hacer romerías todos los segundos
domingos del mes de mayo, a la bella ermita de Santa Lucía
Recuerdo
yo que se celebraba allí la fiesta; las autoridades civiles y
religiosas comían en la ermita y los músicos y la gente bien, allegada
de los pueblos vecinos, solo los hombres, y hacían unas buenísimas
comidas
Recuerdo
que Ismael y Nieves hicieron la comida, y como vecinos nuestros fuimos a
ayudarles, y una servidora fui a servir a los comensales. Esta es una
fiesta que la recuerdo con tanta alegría que me hace llorar
Mi
querido padre Toribio Sierra se crió allí, ya que mis abuelos paternos
estuvieron de medieros durante varios años en la finca del Tío
Anastasio, junta la masada con la ermita de Santa Lucía
Creo
que nuestra admiración y devoción a Santa Lucía algo tuvo que ver con
la estancia de nuestro querido padre durante toda su niñez y juventud
Queridos
amigos, cuando ahora mis hijos me llevan a la ermita de Santa Lucía,
siento en mi corazón una inmensa alegría revuelta de ganas de llorar. Me
parece que estoy junto a los que tanto quise
Perdonarme por estas cosas que os cuento. Tal vez os parezcan ñoñerías.
MANUELA SIERRA