EL HORNO
¡Ho
mi querido horno del Pueyo. De ti que enternecedores y bellos recuerdos
tengo. Cuántas paladas y trentenas de panes cociste. Cuantas hambres
habrás saciado. Te hiciste muy anciano; ya te edificaron los íberos.
Cuanto ha llovido desde entonces. Tu uso era muy sencillo. Te calentabas
con leña del monte sin cronometrar el tiempo; siempre fue todo a ojo.
Al mismo tiempo sacaba el hornero panes cocidos y entraba otros para
cocer. Salían panes color rosado y otros blanquecinos. Se aprendía su
manejo con la práctica. El pan era buenísimo. Tenía varias hornadas o
turnos cada dos horas
Los
hombres que traían la leña para calentar y cocer el pan. Sus esposas
eran las que contaban el pan antes de cocerlo. De cada treinta panes
cogían uno y de cada diez un arcillo. Esto era que se dividía el pan sin
cocer en tres partes; y la poyera, así se llamaban a estas señoras, se
llevaba la tercera parte de otro pan. Al hornero se le daba un bollo;
este ya cocido. La poyera juntaba todos los panes que le dábamos y lo
juntaba todo en su canasta. Si etaban cinco poyeras y el hornero también
cobraba de estos con la masa de todas, esta la dividía, hacía un
panecico para cada uno, cinco poyeras y el hornero que casi siempre era
el dueño del horno
También
los dos hornos que siempre hubo fueron propiedad del Ayuntamiento,
excepto el horno que hubo en casa del sindicato, o sea, del Tio Emeterio
que lo hizo el Felipe. Entonces Molinos tenía mil doscientos
habitantes, y el pan fue el principal alimento
Siempre
no se acertaba al llevar buena masa al horno; a veces se olivaba y se
extendía la masa al abocarla y entonces se echaba en la canasta, se
remasaba y a esperar que viniera buena. Esto causaba disgusto y a veces
molestaba a las mujeres de la otra hornada
También
recuerdo que cuando la contienda española ordenaron los mandamases que
no se cerniera la harina, que se masara con el salvado o sea la harina
integral. La gente no estaba acostumbrada a eso; y a los niños, recuerdo
bien que mi madre me hacía cernir toda la harina para el amasijo, y a
mí aquello no me gustaba. El cernir no había luz de día y tenía un cndil
de aceite. Yo no hubiera comido pan por no cernir
Cuando
te casabas la madre te daba todo lo necesario para hacer el pan. Esto
era lo necesario en una casa: la artesa, masero de tela de lana, masera
cuadrada de tela de algodón, blanca la caja, como una cestica de madera,
en ella estaba una pequeña aceitera, la llave para cortar la masa, la
pinta para hacer los panes muy hermosos. En un lado de la caja se ponía
el salvado para echar en la pala y no se pegase en la pala en el otro
lado harina; y a veces ponías un frasquico con un poco de azúcar; y les
hacías a los niños un bollico con azúcar y ya tenías merienda para los
niños. Eran felices con tan poca cosa
Hoy este edificio es visitado por gentes muy inteligentes
Llamado CEDEMATE
Gracias Señor por este don
MANUELA SIERRA
Tal vez os parezcan ñoñerías - MOLINOS
Ya
llegó el mes de agosto; este mes llena de alegría las casas. Los hijos
que tuvieron que irse del pueblo a la ciudad en busca de trabajos por
haberse helado los olivares, de los que se obtenía el dinero para
cubrir los gastos que conlleva una familia.
En las vacaciones viene al pueblo, por estar en él padres, hermanos y demás familia.
Molinos remocea con los cantos, chillidos de los niños, fuertes risas juveniles que irradian por todo el lugar
Llegan
las fiestas mayores en honor a Santa Lucía, éstas se celebran el
segundo domingo de mayo, por haber concedido al término de Molinos el
agua para los campos que ya estaban todos medio secos por la grande
sequía que estaba padeciendo. Las autoridades pidieron permiso, las
civiles y las eclesiásticas, ir a la ermita de Santa Lucía en rogativa,
según le oí decir a mi querida tía Sor Soledad, que ella había ido. Las
niñas vestidas de blanco con el cuello tendido ya que entonces las niñas
llevaban moño. La inmensa mayoría fueron descalzos y con mucha
devoción. Santa Lucía los escuchó, cuando llegaron a la mitad del camino
de Molinos se dieron cuenta que se veían unas nubecicas y que iban
creciendo. Cuando la imagen de Santa Lucía entró en la iglesia de
Molinos, empezó a llover y lo hizo durante ocho días
Las
autoridades, agradecidas, pensaron en hacer romerías todos los segundos
domingos del mes de mayo, a la bella ermita de Santa Lucía
Recuerdo
yo que se celebraba allí la fiesta; las autoridades civiles y
religiosas comían en la ermita y los músicos y la gente bien, allegada
de los pueblos vecinos, solo los hombres, y hacían unas buenísimas
comidas
Recuerdo
que Ismael y Nieves hicieron la comida, y como vecinos nuestros fuimos a
ayudarles, y una servidora fui a servir a los comensales. Esta es una
fiesta que la recuerdo con tanta alegría que me hace llorar
Mi
querido padre Toribio Sierra se crió allí, ya que mis abuelos paternos
estuvieron de medieros durante varios años en la finca del Tío
Anastasio, junta la masada con la ermita de Santa Lucía
Creo
que nuestra admiración y devoción a Santa Lucía algo tuvo que ver con
la estancia de nuestro querido padre durante toda su niñez y juventud
Queridos
amigos, cuando ahora mis hijos me llevan a la ermita de Santa Lucía,
siento en mi corazón una inmensa alegría revuelta de ganas de llorar. Me
parece que estoy junto a los que tanto quise
Perdonarme por estas cosas que os cuento. Tal vez os parezcan ñoñerías.
MANUELA SIERRA